sábado, 20 de agosto de 2011

Nacer


Y mirando al suelo, como lo suele hacer cuando va caminando, maldiciendo cada adoquín que pisa porque sabe que su camino nunca es el querido si no el impuesto. Pasa por malditas esquinas odiosas que sin piedad gritan a carcajadas escondiendo su  paso al andar, Llega a su sitio no acordado pero siempre el mismo, se adentra. Levanta su mirada para contemplar su aborrecido destino y se encoge en su aliento como un papel quemado a gran fuego, El lugar se torna de constantes silencios inquietos y una implacable sensación de tristeza invade su cuerpo. Da dos o tres pasos, los devuelve queda en el mismo sitio suspira y repite el movimiento incontables veces. -¿Por qué?, Repite incansablemente ¡Por qué!, Maldita Sea… ¡porque!, Para su movimiento desesperante y camina hacia la ventana… llueve, llueve tenuemente y mientras llueve observa las calles solitarias de una noche pálida y sofocante; Sus ojos se quiebran hasta confundir sus lagrimas con la lluvia implacable. Al cabo de unas horas de intenso llanto, con su cuerpo cansado de tanto andar contrariadamente, sirve un café, cargado y sin azúcar, - Así es… amargo se vive amargo se toma. Asienta en su mesa, prende una vela y mira la llama tímida por varios minutos. Al cabo de ese tiempo toma su café con más prisa y con sus manos siempre temblorosas riega un chorro por sus labios y su pecho. 
 – No basta con ser amargo, siempre quema!, una lagrima cae por sus mejillas largas y frías. Han pasado un poco mas de 4 horas yace la madrugada y aún con más cansancio decide no abatirse en su cama. Deambula por el pasillo pero unas ganas inclementes de huir enfrían su mente, su cuerpo tiembla con más avidez y sin pensarlo con paso rápido pero sin agitar sale a las calles empapadas y solitarias. Camina, hace frió encaja las manos  a los bolsillos de su pantalón, sigue mirando al suelo, solo camina llora y camina, repite una y otra vez “Por fin dejare de perderme, dejare de perderme”. El aguacero acrecienta, se nublan los callejones y la lluvia enceguece su paso, No le importa no lleva un rumbo fijo, solo no se perderá. Sintió haber dado pasos sobre un bosque, sintió ramas en su cara… ramas que limpiaban sus lágrimas; Vago y vago por minutos eternos se embriago con el licor de la noche y dejo llevar su cuerpo por las ráfagas de viento. A eso de las 7 de la mañana encontraron su cuerpo desnudo y sin vida en el borde de un abismo del bosque más alejado de la ciudad, junto al cuerpo un tallo de un árbol sin hojas y a su paso una piedra rasgada que decía “Por fin me encontré, por fin te encontré”. Desde el abismo se observaba La estatua de la libertad.     

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